sábado, 19 de marzo de 2011

Prohibiciones.


-¿Sabes? -dijo-, Aline pensaba que tal vez ya no sentirías interés por mí. Ahora que no soy algo prohibido. Ahora que podrías estar conmigo si quisieras. -Tiritó un poco bajo el delgado y fino vestido, agarrándose los codos con las manos-. ¿Es eso cierto? ¿Ya no estás... interesado?
-¿Interesado? ¿Como si fueses un libro, o una noticia? No, no estoy interesado. Estoy... -Se interrumpió, buscando a tientas la palabra igual que alguien buscaría un interruptor de la luz en la oscuridad-. ¿Recuerdas lo que te dije en una ocasión sobre mi sensación de que el hecho de que fueras mi hermana fueses una especie de chiste cósmico hecho a mi costa? ¿A costa de ambos?
-Lo recuerdo.
-Jamás lo creí -dijo él-. Quiero decir, lo creí en cierto modo..., dejé que me arrastrara la desesperación, pero jamás lo sentí. Jamás sentí que fueras mi hermana. porque no sentía hacia ti un amor fraternal. Pero eso no significaba que no sintiera que fueras parte de mí. Siempre lo he sentido. -Al ver su expresión perpleja, se interrumpió emitiendo un ruidito impaciente-. No me explicando bien. Clary, he odiado cada segundo en el que pensaba que eras mi hermana. He odiado cada momento en el que pensaba que lo que sentía por ti significaba que había algo en mí que no estaba bien. Pero...
-Pero ¿qué?
El corazón de Clary latía con tanta fuerza que la estaba haciendo sentir bastante mareada.
-Podía ver como gozaba Valentine con lo que yo sentía por ti. Con lo que tú sentías por mí. Lo usó como un arma contra nosotros. Y eso me hizo odiarlo. Más que ninguna otra cosa que me hubiese hecho jamás, eso me hizo odiarlo y consiguió que me volviera en su contra, y quizás eso era lo que necesitaba hacer. Porque había momentos en los que no sabía si quería seguirle o no. fue una elección ardua..., más ardua de lo que me gusta recordar. -Su voz era tensa.
-En una ocasión te pregunté si yo tenía elección -le recordó Clary-. Y tú me dijiste: "Siempre podemos elegir". Tú elegiste en contra de Valentine. Al final fue la elección que realizaste, y no importa lo arduo que fuese tomarla.. Lo que importa es que lo hiciste.
-Lo sé -repuso él-. Tan sólo estoy diciendo que creo que elegí como lo hice en parte debido a ti. Desde que te conozco, estás presente en todo lo que hago. No puedo desligarme de ti, Clary... No pueden hacerlo ni mi corazón, ni mi sangre, ni mi mente, ni ninguna parte de mi. Y no quiero hacerlo.
-¿No quieres? -musitó ella.
Él dio un paso hacia Clary. Tenía la mirada clavada en ella, como si no pudiese apartarla.
-Siempre he pensado que el amor te vuelve estúpido. Te hace débil. Un mal cazador de sombras. Amar es destruir. Yo creía eso.
Ella se mordió el labio, pero tampoco podía apartar la mirada de él.
-Pensaba que ser un buen guerrero significaba que no te importase nada –dijo él-. Nada en absoluto, ni yo mismo especialmente. He corrido todos los riesgos que he podido. Me he arrojado en el camino de demonios. Creo que le provoque un complejo a Alec cobre la clase de luchador que era, simplemente porque él quería vivir. –Hizo una mueca-. Y entonces te conocí a ti. Tú eras una mundana. Débil. No eras una guerrera. Nunca te habían adiestrado. Y entonces vi lo mucho que amabas a tu madre y a Simon y el modo en que eras capaz de penetrar el infierno para salvarlos. Realmente penetraste aquel hotel de vampiros. Cazadores de sombras con una década de experiencia no lo habrían intentado. El amor no te volvía débil, te volvía más fuerte que cualquiera que hubiese conocido nunca. Y comprendí que el débil era yo.
-No. –La muchacha estaba horrorizada-. No lo eres.
-Tal vez ya no. –Dio otro paso, estaba lo bastante cerca como para tocarla-. Valentine no podía creer que hubiese matado a Jonathan –dijo-. No podía creerlo porque yo era el débil y Jonathan era el que había recibido más preparación. En toda justicia, probablemente él debería haberme matado. Casi lo consigue. Pero yo pensaba en ti… Te veía allí, claramente, como si estuvieses de pie delante de mí, contemplándome, y sabia que quería vivir, lo deseaba mas lo que nunca había deseado nada, aunque solo fuese para poder ver tu cara una vez más.
Ella quiso poder moverse, poder alargar la mano y tocarle, pero no podía. Tenía los brazos paralizados a los costados. Es rostro de Jace estaba cerca del suyo, tan cerca que veía su propio reflejo en las pupilas de sus ojos.
-Y ahora te estoy mirando –siguió él-, y tú me preguntas si todavía te quiero, como si pudiese dejar de amarte. Como si fuese a renunciar a lo que me hace más fuerte que ninguna otra cosa. Jamás me había atrevido antes a ofrecer mucho de mí a nadie… Había entregado pedacitos de mí a los Lightwood, a Isabelle y a Alec, pero hicieron falta años para hacerlo… Sin embargo, Clary, desde la primera vez que te vi, te he pertenecido completamente. Y todavía te pertenezco. Si tú me quieres.
Durante una fracción de segundo ella permaneció inmóvil. Luego, de algún modo, se encontró agarrándolo por la camiseta y atrayéndolo hacia ella. Los brazos de Jace la rodearon, y a continuación la besaba… o ella le basaba a él, no estaba segura, y no importaba. El contacto con su boca con la de ella era electrizante; le sujetó los brazos con las manos, apretándolo contra ella. Sentir su corazón palpitando a través de la camiseta le proporcionó una mareante sensación de júbilo. Ningún otro corazón latía como el de Jace. Ni podría hacerlo jamás.
Él la soltó por fin y ella jadeó; había olvidado respirar. Él le tomó el rostro entre las manos y resiguió la curva de sus pomulos con los dedos. La luz había regresado a sus ojos, tan brillantes como lo habían estado junto al lago, aunque ahora había una chispa picara en ella.
-Bueno –dijo-. Eso no ha estado tan mal, ¿verdad? Incluso aunque no este prohibido.
-Los he tenido peores –replicó ella, con una carcajada temblorosa.
-¿Sabes? –repuso él, inclinándose para rozarle la boca con la suya-, si es la falta de “prohibiciones” lo que te preocupa, todavía puedes prohibirme cosas.
-¿Qué clase de cosas?
Lo sintió sonreír contra su boca.
-Cosas como ésta.

Cazadores de sombras. Ciudad de cristal.

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